Autocensura 2.0: ¿si, no o todo lo contrario?

Las preguntas

¿Publico o no publico el post?

Estás ya a punto de poner el punto y final en tu último post. Pero, por lo que sea, no estás del todo convencido. Te lo piensas antes de hacer click en publicar. Te invaden las dudas. Quizá lo que te esté rondando sea algo como esto: tienes “miedo” de las reacciones que dicho artículo pueda provocar y te estás planteando aplicarte la autocensura.

Esto te ha podido pasar porque:

  • Has tratado un tema que puede ser objeto de polémica
  • Has tratado algún tema “menos serio” de lo habitual y no sabes si puede resultar “gracioso” o todo lo contrario
  • Has tratado un tema en el que te has implicado a nivel personal más de lo normal
  • Has hecho algo diferente que no sabes cómo puede funcionar
  • Has escrito algo que te ha salido de dentro pero que quizá (según crees) puede ser una memez y no tienes claro que vaya a conseguir aportar algo a nadie.

Podría decir alguna otra razón que puede ser responsable de que aparezcan las dudas sobre si publicar o echar para atrás, pero creo que las comentadas pueden ser las más comunes, ¿no?

Bueno, llegados a esta situación tenemos dos opciones: publicamos o no publicamos. Una cosa es que no estemos orgullosos de lo que hemos escrito y que prefiramos dar marcha atrás, pero otra cosa es darle a “eliminar entrada” solo por el “miedo al qué dirán”. En este caso, directamente nos estaríamos autocensurando.

Obviamente, cada caso es cada caso. Y vamos a dar también por hecho que, aún siendo susceptibles de cierta polémica, nos estamos refiriendo a contenidos que entran “dentro de la legalidad” y que no son hirientes ni directamente ofensivos. Eso ya es una cuestión de sentido común.

He recibido críticas: ¿Doy marcha atrás?

Para poner este artículo/reflexión en contexto, quizá antes que nada debería decir que el planteamiento de si deberíamos aplicarnos la autocensura o no y, en su caso, en qué tipo de situaciones, me dio que pensar a raíz de un post publicado en el blog de Quondos que, aún siendo totalmente inocente, se fue un pelín de madre: la entrada en cuestión iba sobre nominar y elegir a los bloggers más sexys de la blogosfera hispana. Así de simple y sin ningún tinte sexista, porque se trataba de nominar a bloggers de ambos sexos.

Vamos a partir de la base de que, sí, se trataba sin más de un tema superficial y sin mayor trasfondo. El post tampoco pretendía aportar nada del otro mundo ni resultar de utilidad, simplemente era algo desenfadado y que podía ser divertido. Y, por supuesto, la participación era totalmente voluntaria. Siempre podemos elegir qué tipo de información consumimos o no y en qué tipo de iniciativas queremos participar o no.

El caso es que mientras que una entrada anterior para plantear el “concurso” se tomó, a nivel general, con ese espíritu de diversión, el post al hago referencia no se recibió de la misma forma: hubo comentarios (tampoco demasiados) bastante críticos y el resultado fue la retirada, no del post, pero sí de las votaciones y las candidaturas.

Si bien un blogger corre el mismo riesgo de ser objeto de críticas y, con ello, poder llegar a ver más o menos tocada su reputación (según el caso), en el caso de una empresa digamos que las críticas pueden cobrar otra dimensión. En este caso en concreto, en los comentarios del “post de la discordia” se llegaba por ejemplo a cuestionar la profesionalidad del servicio que puede llegar a prestar Quondos, como plataforma de formación de marketing online, publicando “algo así”. Discrepo al 100%: respeto que algo guste o no guste, ¿pero qué tiene que ver una cosa con otra?

Esto es precisamente a lo que tienen “pánico” el común de las empresas a la hora de dar rienda suelta a todas las facetas del mundo 2.0 y apostar por el marketing de contenidos: a exponerse a las críticas. No es el caso precisamente de Quondos. Pero luego está la otra lectura: nunca va a llover a gusto de todo el mundo y, desde luego, quien no se expone a las críticas es quien nunca hace nada y quien pasa por la vida en tonos grises, sin nunca buscar ir más allá o marcar la diferencia para bien o para mal.

Con esto no me refiero a que tengamos que ir buscando la polémica a toda costa para destacar. De hecho, las polémicas y los debates más interesantes surgen precisamente cuando no se buscan “simplemente porque sí”. Y hay también muchas formas de intentar marcar la diferencia sin ánimo de polemizar. No se trata de eso.

Algoritmo de Google: El grillo

Otro ejemplo: el experimento de El Grillo

El tema del artículo de los sexy bloggers no tiene realmente mayor importancia en sí, pero sí nos ha parecido un buen ejemplo para recapacitar sobre en qué medida llegamos a aplicarnos la autocensura, o al menos planteárnoslo, en algunas ocasiones. Vamos a poner otro ejemplo: en este mismo blog y con el experimento de El Grillo y el supuesto nuevo algoritmo de Google. Nos pareció una idea interesante, pero también sabíamos que podían llovernos las críticas (dentro de nuestra limitada capacidad de difusión 😉 )

Era un experimento y, como todos los experimentos, podía salir bien, mal o todo lo contrario. Aún así, seguimos adelante. En general, el experimento se recibió con bastante sentido del humor (era lo que pretendíamos), pero es cierto que hubo también alguna que otra crítica (las menos). También podría haberse dado el caso contrario: más críticas y menos sentido del humor. En caso de haber dado marcha atrás y no publicar ese artículo en cuestión, hubiera sido por el “miedo a la reacción” que comentaba al principio. Otra cosa hubiera sido si realmente nosotras no hubiéramos creído en ello. No era el caso.

Y luego están todos esos momentos en que la seguridad te falla y empiezas a dudar de que con tu artículo vayas a conseguir aportar algo a alguien. Una sensación que supongo nos ha pasado a todos y más de una vez, ¿me equivoco?

Conclusión: si estamos en el mundo 2.0 es para estar con todas las consecuencias. Para recibir buenos comentarios. Y no tan buenos. Para poder argumentar y para poder debatir y discutir. Para tener claro que no podemos gustar a todo el mundo. Ni en todo momento. Y para demostrarnos una y otra que no somos perfectos ni infalibles. Seguramente por cada cosa que hagamos bien, podremos hacer dos que no estén tan bien. O que directamente estén fatal. ¿Cuál es la alternativa? ¿Seguir todos un mismo patrón y no mojarnos nunca? ¿No experimentar ni jugar nunca con lo diferente y dedicarnos a ser siempre lineales?

¿Crees que realmente estamos preparados para jugar como toca en la Liga 2.0 o, en general, todavía tenemos demasiado miedo y respeto “al que dirán”?

Antes de pensármelo demasiado, casi que le voy a dar ya directamente a publicar….. 😉

 

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Comentarios

  1. Matti dice

    El miedo al “qué dirán”, parece que es algo latente todavía en el siglo XXI. Curiosamente di con el post de Quondos y me parecío una autentica chorrada la polémica, a veces hay que hacer oidos sordos a ciertas críticas que sólo pretenden hacer daño, y otras las críticas nos valen para aprender algo nuevo, las críticas son las mejores maestras que podamos tener.
    Autocensura? Mientras no hagas daño a nadie con intención o sin intención, creo que ya no son tiempos para autocensurarnos no dejar que otros nos censuren gratuitamente.
    Señores siglo XXI. ¿Algo habremos adelantado? Digo yo

    • dice

      Gracias Matti, por darnos tu opinión.
      Digo yo que si, que algo hemos adelantado, pero hay miedos particulares que por mucho que pase el tiempo siguen latentes y yo creo que uno de ellos y el más común es el miedo a la crítica, a exponernos… y el que este libre de pecado que tire la primera piedra.

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